Prólogo del libro “Escritores radicales”

1 enero 2013

ESCRITORES RADICALES
Una existencia probable, discutible y digna de consideración

El origen de este libro, está, en cierto modo, en mi elección del exilio o alejamiento de cualquier actividad pública relacionada con la poesía visual. Liberado de las responsabilidades públicas que tanto tiempo y dedicación reclaman, he podido dedicar esfuerzos a varios proyectos hasta ahora aplazados o apenas esbozados. Uno de ellos me ha llevado a revisar mis artículos dispersos en revistas, catálogos, libros ajenos, etc…Paralelamente he trabajado ordenando materiales, documentos, fotos, cartas y demás productos de los años sesenta y setenta.

De entre los artículos he ido seleccionando los que, a pesar de los años transcurridos aún pueden conservar algún interés para estudiosos, historiadores o simplemente interesados, y entre estos, los que tratan de autores concretos. Al hacerlo me guía cubrir el vacío que existe en la bibliografía sobre escritores, poetas, músicos y vanguardistas en general. A falta de estudios rigurosos o al menos serios, estos pocos artículos pueden llegar a ser de utilidad.

Cuando ya había hecho la selección, la relacioné con otro de los proyectos que, gracias al exilio, tengo entre manos. Se trata de un trabajo sobre los años sesenta-setenta, del que forman parte algunos apuntes o caracterizaciones de personas con algún protagonismo en esos años. No son escritos biográficos, ni tampoco estudios serios sobre su obra o su trayectoria: simplemente apuntes a mano alzada, para coser, de forma rápida, la memoria. El resultado final es este pequeño libro que el lector tiene entre sus manos:

PortadaEscritoresRadicales_Web

Escritores radicales.

Al calificar de “escritores radicales” a los catorce de que se ocupan de forma preferente esto apuntes, lo hago corrriendo todos los riesgos que conlleva un intento de definición, agrupación y análisis. Pero también lo hago para beneficiarme de forma inmediata de ese esfuerzo, dandole cuerpo y un cierto sentido unitario, a un conjunto de artículos escritos en muy variadas circunstancias, y hasta ahora desaparecidos en las hemerotecas.

Por otro lado, la calificación radical, en tanto es suficientemente genérica, conviene en mayor o menor medida a todos los poetas y artistas aquí apuntados. Aunque eso signifique también que la selección abarca demasiado, al mismo tiempo que deja fuera a muchos otros que, con toda justicia podrían figurar en estas páginas, y haber sido en el pasado, objeto de mi interés como articulista. Pero no está en mi intención re-escribir la historia, ni siquiera reparar la falta de estudios serios sobre estas cuestiones.

La primera característica que agrupa a estas personas es la de la escritura. Aunque eso sí, la escritura expandida o “en libertad” que en el siglo XX ha adquirido su propio derecho de existencia, y que en los últimos cuarenta años en España se ha convertido en una nueva forma de arte.

Algunos de los hombres y mujeres que han protagonizado esa tranformación, están aquí representados a varios niveles: Julio Campal, Juan Hidalgo, Antonio Fernández Molina, José Luis Castillejo, Juan Eduardo Cirlot entre los pioneros; Juan Carlos Aberásturi, Felipe Boso, José María Montells, Antonio Gómez, José Antonio Sarmiento, Bartolomé Ferrando entre los que la han desarrollado y acreditado. Y el resto como representantes de las nuevas formas de entender la escritura.

El peculiar desarrollo de la historia literario/artística desde el fin de la Guerra Civil, y las más –aún- peculiares versiones que de ella han hecho los historiadores académicos, los burócratas de turno, los críticos literarios, y los periodistas culturales, nos ponen a los que nos acercanos de buena fe a ese terreno en una disyuntiva dolorosa: Revisar los abusos, deformaciones, ocultaciones y tópicos, o bien confiar en el olfato del lector. He elegido esta última opción – a mi pesar- por las razones que al avisado lector se le vendrán a la mente.

Lo de los “apuntes”, viene de un proyecto distinto de libro (dedicado a la poesía durante la Década radical) que incluye unos retratos o más bien retrazos testimoniales o anecdóticos de algunos protagonistas, pero también de personajes y personajillos que dieron que hablar, o más bien, que dieron que padecer. Esto me ha llevado a utilizar el mismo método para darle a este libro otra imagen: completar los artículos publicados con grandes diferencias de tiempo, lugar y objetivos, con un mismo tono, y darle un cierto hilo conductor. Seguramente sólo es un intento voluntarioso que buscaría aportar alguna luz sobre autores conocidos –y no demasiado- por sus productos literarios, pero totalmente desconocidos como personas. Estaría feliz si lo consiguiera.

Experimentales, utópicos, concretos, transgresores y minimalistas…Es decir, pertenencientes a una época, a unas formas de pensar, y sobre todo a una forma de actuar y por lo tanto, de escribir.
Experimentales. Vale por un método de trabajo, por la atmósfera de una época que implicaba una apertura, una disponibilidad ante la innovación sin excluir la transgresión.
Utópicos. Gente desmedida y pretenciosa, alejados de la lógica cotidiana y del sentido común. Lo cual se aplica sobre todo, en nuestro caso, a la escritura, pero no sólo a la escritura. La mayoría de estos escritores han sido o son utópicos también en muchos aspectos de su vida.
Concretos.-La importancia y extensión del pensamiento racionalista en las neovanguardias, es un hecho innegable. Durante años fue el calificativo más usado para designar a cualquiera que trabajara con escrituras visuales o plásticas. Algunos artistas lo aceptaron y otros lo rechazaron, pero su impronta sigue bien visible.
Transgresores. La transgresión, ya sea planificada y consciente, o irracional y generalizada es la característica más permanente de las neovanguardias. Y no sólo como corrolario de la utopía, sino como vocación vital.
Minimalistas. El minimalismo norteamericano, ayudado por la preponderancia cultural y económica de este país, y el papanatismo de periodistas, críticos e historiadores ha hecho olvidar que esta corriente se da en primer lugar en Europa y Sudamérica ya en los años cuarenta, y no deja de manifestarse en el arte y en la poesía. El concretismo en la pintura, y la poesía concreta son dos manifestaciones con altos componentes minimalistas.

Apuntes

Como ya se ha señalado, esta no es una recopilación de artículos sobre un tema común, aunque tenga algo de ello. Para serlo, la selección debería tener una cierta representabilidad y una proporcionalidad histórica. Pero eso no es posible, por su origen azaroso. Debido a ello, el artículo más antiguo es de 1971, y el más próximo se publicó ya en los años dos mil.
Algo parecido sucede con los autores objeto de estos artículos, estudios y análisis. El de más edad es Juan-Eduardo Cirlot, nacido en los años veinte, y el más joven, María A. A., nacida en los años sesenta.
Lo que a pesar de todo le da una cierta apariencia de unidad, es la existencia y permanencia de eso que he intentado definir como escritores o artistas radicales.

A pesar de mi convicción de que, en el campo de la experimentación, la teoría y la práctica son inseparables, y de que he dedicado muchos esfuerzos a demostrarlo, este principio no se puede aplicar a todos los escritores/artistas incluidos en esta selección. Lo cual no les afecta a ellos, aunque tampoco al valor de esta fórmula, y sobre todo a su viabilidad.

Como testigos de la gran transformación social, cultura y económica –incluso política- que la revolución de la escritura ha producido en el siglo XX, todos hemos respondido con nuestras mejores soluciones. El único juicio que debería hacerse, es el de la autenticidad. Y en él creo que todos conseguiríamos un buen veredicto.

Me incluyo porque, además de responsable de este libro, he decidido figurar también como autor estudiado. Con ello, quiero dar pábulo a los que me critican porque no suelo respetar las “buenas costumbres” ni las normas de conducta. Pero también quiero aportar una reflexión sobre la utilización de la crítica tan sólo como un arma arrojadiza. Se puede utilizar para custiones más útiles. Lo cual no quiere decir que yo esté contra la crítica afilada e incluso incisiva.

En una cultura desarrollada y compleja, la información puede utilizarse para muchas cosas, y de forma preferente, para aquellas que de verdad nos importan y aportan algo. Esta es, habitualmente, mi línea de conducta.

El libro puede adquirirse en la librería de Amazon

El sueño del libro objeto

7 agosto 2011

Desde 1968 he trabajado en la realización de “libros objeto”. En total están finalizados o a falta de pequeños retoques unos cuarenta, casi todos ejemplares únicos.

Los libros objeto, por su propias características sólo pueden entenderse mediante una relación típica libro-lector, y por ello en una exposición sólo se puede obtener una idea incompleta de este tipo de obra. Incluso en el caso de los formatos extensibles, que pueden mostrarse en toda su extensión, falta la relación íntima que establecemos con los libros en una lectura tradicional, no digamos en un planteamiento de obra de arte.

Sin embargo, he decidido mostrar algunos de estos libros en una exposición, porque las alternativas tampoco son soluciones interesantes. La exposición sigue siendo la forma más directa de dar a conocer este tipo de producciones.

En mi trabajo experimental, los libros ocupan un lugar muy especial, porque permiten mostrar versiones de la iconoescritura, en las que el tiempo y el espacio son parte decisiva. Por otra parte, la importancia del libro en las sociedades de masas, hace imposible que cualquier personas interesada en la búsqueda de una poesía total no los tenga en cuenta.

Para mostrar el proceso de este proyecto se ha abierto con mi nombre un espacio en Facebook. Para acceder desde este blog, hay un enlace en el menú de la derecha o pincha aquí.

La huida del tiempo (un diario), de Hugo Ball

26 diciembre 2009

Hugo Ball es una de esas personalidades reconocidas por la historia tan sólo por un acontecimiento de su vida, a pesar de que como escritor, y como personalidad, merece una atención más pormenorizada, tanto en el terreno del pensamiento como en el de la cultura, y sobre todo en el de las personalidades singulares.
Pero su creación del Cabaret Voltaire en Zurich en 1916, en el cual vino a nacer para gran escándalo de los bienpensantes de todas las categorías, Dadá, ha eclipsado todo lo demás.
También es cierto, que su temprana muerte (con poco más de cuarenta años) impidió que como pensador y como hombre de cultura diera de sí todo lo que era de esperar. Con todo, como ya apunté, en esas cuatro décadas Hugo Ball dio muestras de ser un hombre con opinión propia, y con un carácter capaz de llevar adelante esas opiniones en los asuntos más trascendentales: Como el de la guerra.
En efecto su estancia en Suiza se debió a su total rechazo del militarismo, y su decisión de ser objetor de conciencia frente a la monstruosidad de la Primera Guerra Mundial. Acompañado de su mujer Emmy Hennings se expatrió en ese país neutral durante todos los años del conflicto.
En el año 2004, la editorial El acantilado, de Barcelona, publicó el libro “La huida del tiempo (un diario). Se trata de una selección de los escritos de Ball en su diario entre 1913 y 1921, editado en 1927, poco antes de su muerte. Que yo sepa, es la única obra suya aparecida en español, aunque alguna como el ensayo dedicado a Simeón El estilita, uno de los predecesores más conspícuos del arte de acción, merecería que un editor inteligente se ocupara de él.
En este diario, Ball cuenta, a veces entrando en detalle, su experiencia como creador del cabaret Voltaire, su opinión de los distintos acontecimientos, y también su disentimiento profundo del rumbo que los otros participantes de la aventura Dada, especialmente Tristan Tzara, fueron tomando.
Ball tenía una mentalidad diametralmente opuesta a la de Tzara, y no podía aceptar la deriva hacia la conversión de Dada en un movimiento internacional. Tampoco podía seguir a sus compatriotas, tal como quería Huelsenbeck en su propuesta de un Dada político y revolucionario, al servicio de la República de Weimar. Era por encima de todo una persona crítica, es decir, un solitario.
Dada es, entre otras cosas, la reunión de las energías irracionales que ya estaban presentes en el expresionismo y el futurismo, y que a partir de entonces pasa a ser una de las corrientes fundamentales de la poesía la música y el arte del siglo XX. Visto así, Ball es una figura clave, como profundo conocedor de Nietzsche (lo mismo que Tzara) de esa apuesta por la negación, el nihilismo y el misticismo. Su apuesta por la religión, e incluso por el catolicismo, puede verse como una de las posibles salidas a ese radicalismo conceptual. Es,sin lugar a dudas, el padre del “arte sin ideas”, que tantos artistas han practicado durante todo el siglo.

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Silencio, de John Cage

1 diciembre 2009

En el año 2002, Ediciones Ardora, de Madrid, publicó la traducción del libro de John Cage “Silencio”, editado por primera vez por la Wesleyan University Press (Connecticut) en 1961.
“Silence” como el resto de sus libros, es una recopilación de artículos y conferencias. Con todo el conjunto tiene una coherencia interna que ya ninguno de sus siguientes libros alcanzará. Seguramente porque esos artículos, y sobre todo las conferencias, corresponden al periodo vital en el que Cage formó su pensamiento en el más amplio sentido de la palabra, y no solo sus ideas como compositor. Lo cual no quiere dec ir que en estos textos no esté en todo momento el Cage músico. Pero seguramente Cage es más conocido por su papel como innovador y defensor de los planteamientos experimentales, y como maestro de varias generaciones de artistas, y en ese sentido “Silencio” es el libro clave.
Para el lector español, posiblemente sea Juan Hidalgo la figura del siglo XX que más recuerde a Cage. El mismo Hidalgo le ha calificado de “padre”, y en esta edición es autor de un breve epílogo señala una de sus conexiones: El budismo zen. Sin embargo esa coincidencia no va acompañada en el caso de Hidalgo de nada más. Mientras Cage es un músico intelectual, Hidalgo es el ejemplo más destacado de artista anti-intelectual que se ha dado en España, cabeza de línea de lo que podemos denominar el “arte sin ideas”.
Las influencias de Cage en España deben buscarse más entre músicos como Luis de Pablo, Ramón Barce y Tomás Marco, en algunas de sus producciones aleatorias y en la música verbal.
Junto con Marcel Duchamp, Cage fue una figura decisiva en la recuperación de dada en los años cincuenta. De ahí que en Alemania se buatizara a sus producciones como “dada pobre”. Pero él no se quedó en esa recuperación, y superando la pura transgresión nihilista, edificó un cuerpo teórico para su música que, por sus dimensiones y coherencia, ha terminado por ser el edificio de la estética progresista del siglo XX. La estructura de ese edificio es la autoreferencia de todo lo estético, y por lo tanto su independencia y liberación, después de miles de años de dependencia (por no decir esclavitud) de la religión, de la política, de las urgencias sociales e individuales, de los distintos poderes en suma. La funcionalidad de ese edificio es la indeterminación, que se convierte en el campo de juego de una autoreferencia que puede escapar de la trascendencia, la sacralización, y la dependencia de los poderes establecidos. (Aunque tal vez no de los poderes por establecer, aunque esa es otra cuestión).
En este libro están, como ya he señalado, los textos que definen a Cage, y por extensión al siglo XX. Véase “Conferencia sobre nada”, de 1959. En el comienzo Cage afirma: “No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo, y eso es poesía”.
¿Se puede encontrar una definición mejor para la poesía del siglo XX?. Este es Cage, quien lo lea lo sabrá.
Como individuo, Cage destaca sobre todo por su autenticidad. Por eso, sin pretenderlo (y a veces sin tener conciencia de ello) ha llegado a ser considerado como el padre del arte del acción, y como poeta visual, además de como gurú y músico.

Edición española de "Silencio" de John Cage

Medios de masas e historia del arte

5 noviembre 2009

El reciente fallecimiento de Juan Antonio Ramírez nos ha privado de uno de los pocos historiadores del arte que con rigor, seriedad y trabajo podía seguir haciendo aportaciones significativas en el campo del arte contemporáneo. Afortuadamente nos quedan sus publicaciones, entre las que se encuentran estudios muy diversos, y aportaciones que siguen siendo muy actuales.
A nivel internacional, Ramirez es conocido sobre todo por su libro sobre Marcel Duchamp, traducido a varios idiomas.
En el ámbito del idioma español, su libro “Medios de masas e historia del arte” es el más singular, y seguramente por ello ha conseguido una cierta repercusión. Escrito en los setenta, y editado en una colección popular, volvió a editarse en los noventa (1997) en una colección especializada de la editorial Cátedra, y desde entonces se ha reeditado en varias ocasiones.
Estamos ante un manual, aunque no un manual al uso. Ágil, incisivo, directo y eficaz, Ramirez defiende tesis novedosas e incluso rompedoras para el esclerótico panorama cultural de los setenta,  e incluso para muchas personas del mundo del arte en la actualidad. La propia dec isión de escribir un ensayo sobre cuestiones multidisciplinares, que tienen que ver con la teoría de la información, con la sociología, la semiótica, la economía política e incluso la psicología, además de historia propiamente dicha, ya era en los años setenta un atrevimiento censurable para el mundo académico. Y lo sigue siendo, no lo olvidemos, en la mayor parte de las actuales Facultades de Bellas Artes, donde la defensa de lo artesanal como único modo productivo del arte, no deja de ganar adeptos. 
“Medios de masas e historia del arte” es un buen ejemplo de libro progre, en el que el autor no se priva de algún deshago político: “La lucha por el progreso del arte no significa sólo innovar en cada “exposición”, sino, ante todo, arrebatar a la burguesía el monopolio de la expresión y devolver al pueblo el manejo de las imágenes que produce.”
Pero la ideología no prima en Ramírez por encima del rigor y la seriedad. Se puede comprobar en su análisis del cómic, o en el del cartel. Su propia definición de la materia que eligió como fudnamental en su vida, la historia del arte, sigue siendo un modelo de honradez y autenticidad: “Toda historia del arte es producto de una opción, en último extremo, arbitraria; la mayor parte de los profesinoales, eligen sin saberlo, son los inconscientes seguidores del sistema que los ha producido. Ni siquiera -algo verdaderamente dramático- se posee siempre el niv el suficiente de conciencia que permita el acuerdo entre posibles convicciones políticas progresistas y prácticas científicas reaccinarias…” 

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Los juegos reunidos de Juan de Loxa

2 noviembre 2009

Una de las pocas ventajas de la edad, es que a cierta altura de la vida uno puede confesarse, escribir sus memorias (si no las ha perdido), reunir sus obras completas, publicar los poemas desperdigados por revistas y periódicos, y un largo etc…
Claro, que todo depende de la vida que uno haya llevado, porque incluso para los más inventivos, es trabajoso hacer ficción pura de una vida inane o sin relieve.
Esto, desde luego no le sucede a Juan de Loxa, que está en plena tarea de escribir sus memorias (“No es Dauro todo lo que brilla”), para preocupación de algunos y regocijo de otros.
En ese camino de poner en orden y por escrito el pasado, ha decidido también recoger en un libro todo lo relacionado con sus propuestas poéticas experimentales, para lo cual ha contado con la ayuda de Fernando Guzmán Simón, que ha escrito un esclarecedor prólogo, y con la de Alejandro Gorafe, que se ha encargado de redactar un chispeante epílogo. Se trata del tomo “Juegos reunidos”, publicado por Alhulia en Salobreña este mismo año.
La relación de Loxa con la poesía experimental es muy peculiar, como no podía ser de otra forma en un hombre que, por encima de todo es peculiar. Demasiado independiente, y a menudo imprevisible vive la poesía como una emoción y no puede sujetarse a normas ni experimentaciones. En realidad él mismo es un experimento en todo lo que hace o dice, de ahí que, de forma natural produzca poemas experimentales, poemas objetos, collages o simplemente gestos que son poemas de acción.
Estos “Juegos reunidos” son en efecto una “memoria” (según aparece en el subtítulo) o a modo de rendición de cuentas, con documentos, fotografías, páginas de periódicos y poemas, acompañados casi siempre por comentarios o informaciones complementarias para mejor situar cada historia.
Más allá de cualquier valoración o simplemente análisis de esta trayectoria pre y postexperimental de Loxa, hay que apuntar un componente determinante: Su autenticidad. Experimental o no, en él siempre se cumple la prueba del 9 de los poetas del siglo XX: Lo que no es biografía, es plagio.
Pocos hombres han hecho poesía con más vida, y menos aún han hecho una vida con más poesía.

 Ficha técnica

Título: Juegos reunidos (Memoria 1967-2007 y pico)
Autor: Juan de Loxa
Prólogo: Fernando Guzmán Simón
Epílogo: Alejandro Gorafe
Editorial: Alhulia SL, colección Mirto Academia, Salobreña 2009, 150 pp,

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La construcción social de la realidad

2 noviembre 2009

La interrelación entre la ciencia y las distintas productividades estéticas, es el componente fundamental de la modernidad. No me refiero, desde luego, a ningún tipo de dependencia ni subordinación, sino a la transformación profunda vivida por todas las sociedades avanzadas en los siglos XIX y XX, entre las que no podían faltar las que alimentan estéticamente a los individuos.
Es cierto que, en la mayor parte de los casos, la ciencia ha ido por delante, y a través de la tecnología ha marcado a la propia conciencia de los individuos. Pero en numerosas ocasiones, los artistas, poetas y músicos han abierto sus propios caminos, iluminando con una luz nueva a las aportaciones científicas, o elaborando fórmulas propias de la estética allí donde la ciencia no tenía respuestas.
Esta breve introducción viene a cuento porque voy a comentar un libro de sociología que ha clarificado las funciones del habla, es decir del lenguaje oral, de una forma definitiva, en los mismos años en que la poesía y la novela trabajaban también con la relación entre la oralidad y la escritura.
El libro en cuestión es La construcción social de la realidad, de Peter L Berger y Thomas Luckmann, publicado en 1966, y traducido al español en México en 1968, y reeditada desde entonces trece veces. No se trata desde luego de un best seller, pero sí es un clásico de la sociología, y de forma más concreta de la sociología del conocimiento. Un manual describe esta obra como “una excelente y sencilla síntesis entre el marxismo crítico de cuño luckaesiano, el interaccionismo simbólico de Mead-Blumer y la fenomenología…”. 
Ahora bien, más allá de genealogías, este ensayo destaca por el enfoque del habla como cemento social e individual, que mantiene la ficción de una realidad aparenenemente estable y segura. Y como la oralidad no puede fijarse ni mantenerse sin la presencia humana, esa realidad tiene que recomponerse diariamente por los individuos que así se socializan.
En los años en que se escribe este libro, mediados los años sesenta, la sociedad de masas con la consiguiente transformación del modelo de vida tradicional ya ha despegado en los países más desarrollados de Europa, tras la estela de los USA. De ahí, sin pretenderlo, Berger y Luckmann están describiendo un modelo social en retroceso (el de la sociedad oral) que está siendo sustituido por el de la sociedad abstracta o sociedad mediática. Nuevo tipo de sociedad cuya construcción social ha aumentado exponencialmente, hasta convertirse en la sociedad del espectáculo que ya utiliza todo tipo de lenguajes, y no sólo el lenguaje oral.
La demostración que hace este libro de que el lenguaje no tiene sólo un función referencial o utilitaria, sino una función social y por lo tanto estética y autoreferencial, confirma lo que la poesía ha mantenido históricamente, y de forma muy especial lo que los planteamientos más radicales de las vanguardias y neovanguardias artísticas han defendido durante el siglo XX. 
También está en la línea de la definición de Max Bense del arte, la poesía y la música como co-realidades. Co-realidades que, amplían y reconstruyen los imaginarios colectivos y los repertorios para impedir la obsolescencia de la oralidad cotidiana, indepedientemene de la voluntad de los indivíduos.

Ficha técnica      

Título: La construcción social de la realidad         
Autores: Peter L. Berger y Thomas Luckmann           
Editorial: Amorrortu/editores, México D F 2003, 234 pp,  120×195 m/m     

Un libro de sociología del conocimiento                                 

Tzara en español

31 octubre 2009

Dentro de cinco años se celebrará el centenario del nacimiento de DADA en el cabaret Voltaire de Zurich. A pesar de que este movimiento y sus aportaciones siguen siendo lo menos asimilado  de las primeras vanguardias por los detentadores del poder (artistas, comisarios, directores de museos, periodistas, catedráticos, etc…) es de temer que se haga una celebración espectacular, en la que se oculten los componentes verdaderamente radicales de este movimiento.
Ello significa también que sus protagonistas van a recibir un trata discriminador, en función de los intereses de los marchands, y de su asimilación con las formas preponderantes del arte contemporáneo.
En un caso concreto, el de Tristan Tzara, es de esperar que sea especialmente discriminado porque reune todas las cracterísticas negativas para los historiadores oficiales del arte del siglo XX: Fue un teórico radical, poeta y rumano. Es decir, mantuvo posiciones contrarias a la utilización de la estética por los distintos poderes, no produjo objetos utilizables en el mercado del arte, y era un extranjero en la Francia de las entreguerras. Cualquiera de estas tres características le hubiera podido ser perdonada, pero las tres juntas le seguirán pasando factura por siglos.
Y sin embargo, mientras muchos de sus compañeros de generación y de aventuras, ya han sido asimilados y consumidos por la cultura de la sociedad del espectáculo, Tzara permanece operativo y lleno de incitaciones, tanto como persona como poeta.
En 1969 yo traduje para la que iba a ser la colección Visor de poesía, una antología de poemas de Tzara. Apareció como el número 2 de esta colección, porque fue desplazada por el libro “Una temporada en el infierno” de Arthur Rimbaud, traducida por Gabriel Celaya.
Por una cuestión de derechos, cuando se agotó la edición ya no se volvió a reimprimir, por lo cual el libro es innencontrable. Pero existir existe.
En 1976, realicé una nueva traducción de Tara para Visor. En aquella ocasión el libro elegido fue “Un hombre aproximativo”, publicado en 1929, en plena madurez del poeta. Se trata de un largo poema distribuido en XIX cantos, con densos parágrafos (de más de 14 sílabas), que utiliza varios ritornellos. Como el resto de la obra de este poeta, el elemento fundamental del poema es la imagen irracional, o metáfora que se ha desligado de su referente.
No se trata de una “escritura automática” tal como proponía André Breton, sino de una técnica textual que reelabora discursos preexistentes, introduciendo en la cadena de la f rase distorsiones, y sobre todo sustituyendo adjetivos o sustantitvos. El verso del comienzo es un ejemplo acabado:

domingo profundo tapadera sobre el hervor de la sangre.

La eliminanción de las versales y de todos los signos de puntuación completa el efecto de estrañeza y sorpresa.

Datos técnicos

Título: El hombre aproximativo
Autor: Tristan Tzara
Prólogo y traducción: Fernando Millán
Editorial: Colección Visor de poesía, 150 pp, 130X195 m/m

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Libros editados por Visor

La poesía textual de Haroldo de Campos en español

26 octubre 2009

En 1987 apareció la primera edición del libro Transideraciones  de Haroldo de Campos. En el año 2000 se hizo una segunda edición. Teniendo en cuenta la materia de este libro (poesía experimental), y por tratarse de una edición bilingue portugués/español, publicada en México estamos ante un hecho excepcional. Aunque no tanto si tenemos en cuenta la importancia de la figura de Haroldo de Campos.                                                                                                                                      Nacido en 1929 en Sao Paulo, Haroldo de Campos fue uno de los miembros del Equipo Noigandres que junto con el suizo-boliviano Eugen Gomringer lanzó en la década de los cincuenta la poesía concreta como un movimiento internacional.  
Pero la importancia del equipo Noigandres no acaba ahí. Sus tres miembros (Augusto de Campos -hermano de Haroldo- y Decio Pignatari) son a la vez poetas visuales y teóricos. Con sus análisisis de la poesía del siglo XX, con sus escritos sobre la sociedad de masas, son de los primeros difusores de una nueva ciencia: la semiótica.
En común, firman el texto “Plan piloto para la poesía concreta” del año 1958. Estamos ante el segundo manifiesto poético (después del manifiesto surrealista de André Breton) del siglo XX por influencia y repercusión internacional.

Poesía oral
En el segundo párrafo de este manfiesto los Noigandres afirman que ha “finalizado el ciclo histórico del verso”. Es decir, ha periclitado la etapa oral de la poesía, porque desde mediados el siglo XIX, la escritura es el nuevo campo de juego, no la oralidad como lo había sido desde el comienzo de los tiempos. Las leyes sonoras que dieron lugar a la versificación, han dejado de ser operativas, porque ya no es el oído, sino la vista, el órgano de creación e interpretación.
Ahora bien, si esto es así, se preguntará el sufrido lector, ¿que hacemos con la poesía de los cubistas, de los dadaístas, de los surrealistas?. Ellos siguen produciendo versos, aunque sean escritos, lo mismo que algunos poetas visuales (como el propio Haroldo de Campos) y no hacen en exclusiva poesía concreta o visual. 

Poesía textual
Desde Mallarmé existe la conciencia en los poetas más lúcidos de que se escribe un nuevo tipo de poesía que podemos llamar textual (para no utilizar otros términos menos neutros). Es decir una poesía que se edifica a partir de la existencia del texto como entidad autoreferente. Naturalmente, la variedad y riqueza de esta poesía textual es, a lo largo del siglo XX, excepcional, e incluye a poetas como Vicente Huidobro, César Vallejo o Juan Larrea (por poner tan sólo ejemplos de poetas que escribieron en español).
Esa variedad tiene sus orígenes en los distintos componentes del sistema simbólico del pasado que se mantienen, y en la presencia o no del conflicto entre oralidad y escritura.
Haroldo de Campos es un ejemplo definitorio de este tipo de poesía. Aunque en sus poemas aparecen de forma notable muchos de los principios definitorios de la poesía concreta brasileña, la presencia de la oralidad es constante en su poesía textual, como puede comprobarse en estas transideraciones.
Otro aspecto sobresaliente en estos poemas, sobre todo en su último libro Crisantempo, es su condición de traductor. Hombre de una cultura excepcional, dominaba desde muy joven todas las lenguas cultas, y tras un estudio continuado, llegó a dominar el chino, lengua mítica para él por influencia de Pound, del que fue un gran admirador.
Este aspecto es in duda uno de los que relaciona su poesía con la del poeta español Felipe Boso (también multilingue y traductor profesional), que comparte con él muchas otras características, desde su convencimiento concreto, a su interés por el barroco.
Nada que criticar de la traducción, intrincada siempre en un poema concreto que inventa palabras, las hibrida y las somete a la “violencia que la escritura hace al habla” (Jacques Derrida dixit).

Transideraciones

Ficha técnica

Título: Transideraciones/ Transideraçoes.                                                                                           Autor: Haroldo de Campos                                                                                                              
Recopilación y traducción: Manuel Ulacia y Eduardo Milán                                                                 Prólogo: Manuel Ulacia                                                                                                                                        Editorial: Ediciones el Tucán de Virginia, Funación Octavio Paz, México DF 2000, 202 pp, 145X220 m/m

Mis libros

24 octubre 2009

Desde que a los nueve años aprendí a leer y escribir, siempre que he podido elegir entre un libro o una pagina por escribir, y una persona, he preferido los libros y la escritura. Por eso, a lo largo de toda mi vida he ido acumulando libros y páginas escritas, al tiempo que el número de personas con las que me relacionaba, disminuía. Estamos ante un caso típico de eso que llaman destino, y que es tan sólo el cruce entre la psicología, las circunstancias sociales, culturales y económicas y la causalidad.
A ciencia cierta no se los libros que he leído en mi ya larga vida, pero superan los pocos miles que Miguel de Unamuno calculó que un intelectual podía leer en total. lo cual para mí no es, ni mucho menos, un mérito, porque aún hoy, siento una cierta culpa cuando me dedico a leer durante horas, en vez de hacer un trabajo -aparentemente- útil. Leer, para mí, sigue siendo por encima de todo, un placer. Y según la tradición católica, donde hay placer hay pecado.
Esto se debe tambien a que, en mis comienzos de lector, tuve que superar la oposición de mis padres, que consideraban a los TBOs que yo leía una influencia malsana que debían prohibirme de forma total. Como es lógico, yo me negué, en la práctica, a aceptar tal prohibición.
Este sentimiento de culpa (así son las cosas de la vida) es lo que me ha llevado -o traído- a platearme escribir este diario o blog dedicado a los libros.
Para poder seguir leyendo nuevos libros, y para reller libros ya leídos, necesito la justificación de que voy a escribir para unos hipotéticos lectores, sobre ellos.
El nombre de este blog, “Los libros de Fernando Millán”, es una forma de advertir al posible lector curioso de que el nivel de especialización de los comentarios que voya publicar no existe. Me voy a ocupar de los libros que leo y también de los que he leído (algunos hace más de cuarenta años) y ahora vuelvo a leer. Mis intereses son muy amplios, lo mismo leo un libro de pscología, que uno de historia, e incluso -a veces- una novela histórica.
Supongo que el lector ya habrá adivinado que, si me ocupo también de la escritura (es decir soy un lecto-escritor) habré tenido algo que ver con la publicación y edición de libros. Suele ser lo normal. Y en efecto así lo es. Por ello, en estas páginas también me voy a ocupar de mis propios libros, y de aquellos en los que, junto con otros, he participado.


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