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Prólogo del libro “Escritores radicales”

1 enero 2013

ESCRITORES RADICALES
Una existencia probable, discutible y digna de consideración

El origen de este libro, está, en cierto modo, en mi elección del exilio o alejamiento de cualquier actividad pública relacionada con la poesía visual. Liberado de las responsabilidades públicas que tanto tiempo y dedicación reclaman, he podido dedicar esfuerzos a varios proyectos hasta ahora aplazados o apenas esbozados. Uno de ellos me ha llevado a revisar mis artículos dispersos en revistas, catálogos, libros ajenos, etc…Paralelamente he trabajado ordenando materiales, documentos, fotos, cartas y demás productos de los años sesenta y setenta.

De entre los artículos he ido seleccionando los que, a pesar de los años transcurridos aún pueden conservar algún interés para estudiosos, historiadores o simplemente interesados, y entre estos, los que tratan de autores concretos. Al hacerlo me guía cubrir el vacío que existe en la bibliografía sobre escritores, poetas, músicos y vanguardistas en general. A falta de estudios rigurosos o al menos serios, estos pocos artículos pueden llegar a ser de utilidad.

Cuando ya había hecho la selección, la relacioné con otro de los proyectos que, gracias al exilio, tengo entre manos. Se trata de un trabajo sobre los años sesenta-setenta, del que forman parte algunos apuntes o caracterizaciones de personas con algún protagonismo en esos años. No son escritos biográficos, ni tampoco estudios serios sobre su obra o su trayectoria: simplemente apuntes a mano alzada, para coser, de forma rápida, la memoria. El resultado final es este pequeño libro que el lector tiene entre sus manos:

PortadaEscritoresRadicales_Web

Escritores radicales.

Al calificar de “escritores radicales” a los catorce de que se ocupan de forma preferente esto apuntes, lo hago corrriendo todos los riesgos que conlleva un intento de definición, agrupación y análisis. Pero también lo hago para beneficiarme de forma inmediata de ese esfuerzo, dandole cuerpo y un cierto sentido unitario, a un conjunto de artículos escritos en muy variadas circunstancias, y hasta ahora desaparecidos en las hemerotecas.

Por otro lado, la calificación radical, en tanto es suficientemente genérica, conviene en mayor o menor medida a todos los poetas y artistas aquí apuntados. Aunque eso signifique también que la selección abarca demasiado, al mismo tiempo que deja fuera a muchos otros que, con toda justicia podrían figurar en estas páginas, y haber sido en el pasado, objeto de mi interés como articulista. Pero no está en mi intención re-escribir la historia, ni siquiera reparar la falta de estudios serios sobre estas cuestiones.

La primera característica que agrupa a estas personas es la de la escritura. Aunque eso sí, la escritura expandida o “en libertad” que en el siglo XX ha adquirido su propio derecho de existencia, y que en los últimos cuarenta años en España se ha convertido en una nueva forma de arte.

Algunos de los hombres y mujeres que han protagonizado esa tranformación, están aquí representados a varios niveles: Julio Campal, Juan Hidalgo, Antonio Fernández Molina, José Luis Castillejo, Juan Eduardo Cirlot entre los pioneros; Juan Carlos Aberásturi, Felipe Boso, José María Montells, Antonio Gómez, José Antonio Sarmiento, Bartolomé Ferrando entre los que la han desarrollado y acreditado. Y el resto como representantes de las nuevas formas de entender la escritura.

El peculiar desarrollo de la historia literario/artística desde el fin de la Guerra Civil, y las más –aún- peculiares versiones que de ella han hecho los historiadores académicos, los burócratas de turno, los críticos literarios, y los periodistas culturales, nos ponen a los que nos acercanos de buena fe a ese terreno en una disyuntiva dolorosa: Revisar los abusos, deformaciones, ocultaciones y tópicos, o bien confiar en el olfato del lector. He elegido esta última opción – a mi pesar- por las razones que al avisado lector se le vendrán a la mente.

Lo de los “apuntes”, viene de un proyecto distinto de libro (dedicado a la poesía durante la Década radical) que incluye unos retratos o más bien retrazos testimoniales o anecdóticos de algunos protagonistas, pero también de personajes y personajillos que dieron que hablar, o más bien, que dieron que padecer. Esto me ha llevado a utilizar el mismo método para darle a este libro otra imagen: completar los artículos publicados con grandes diferencias de tiempo, lugar y objetivos, con un mismo tono, y darle un cierto hilo conductor. Seguramente sólo es un intento voluntarioso que buscaría aportar alguna luz sobre autores conocidos –y no demasiado- por sus productos literarios, pero totalmente desconocidos como personas. Estaría feliz si lo consiguiera.

Experimentales, utópicos, concretos, transgresores y minimalistas…Es decir, pertenencientes a una época, a unas formas de pensar, y sobre todo a una forma de actuar y por lo tanto, de escribir.
Experimentales. Vale por un método de trabajo, por la atmósfera de una época que implicaba una apertura, una disponibilidad ante la innovación sin excluir la transgresión.
Utópicos. Gente desmedida y pretenciosa, alejados de la lógica cotidiana y del sentido común. Lo cual se aplica sobre todo, en nuestro caso, a la escritura, pero no sólo a la escritura. La mayoría de estos escritores han sido o son utópicos también en muchos aspectos de su vida.
Concretos.-La importancia y extensión del pensamiento racionalista en las neovanguardias, es un hecho innegable. Durante años fue el calificativo más usado para designar a cualquiera que trabajara con escrituras visuales o plásticas. Algunos artistas lo aceptaron y otros lo rechazaron, pero su impronta sigue bien visible.
Transgresores. La transgresión, ya sea planificada y consciente, o irracional y generalizada es la característica más permanente de las neovanguardias. Y no sólo como corrolario de la utopía, sino como vocación vital.
Minimalistas. El minimalismo norteamericano, ayudado por la preponderancia cultural y económica de este país, y el papanatismo de periodistas, críticos e historiadores ha hecho olvidar que esta corriente se da en primer lugar en Europa y Sudamérica ya en los años cuarenta, y no deja de manifestarse en el arte y en la poesía. El concretismo en la pintura, y la poesía concreta son dos manifestaciones con altos componentes minimalistas.

Apuntes

Como ya se ha señalado, esta no es una recopilación de artículos sobre un tema común, aunque tenga algo de ello. Para serlo, la selección debería tener una cierta representabilidad y una proporcionalidad histórica. Pero eso no es posible, por su origen azaroso. Debido a ello, el artículo más antiguo es de 1971, y el más próximo se publicó ya en los años dos mil.
Algo parecido sucede con los autores objeto de estos artículos, estudios y análisis. El de más edad es Juan-Eduardo Cirlot, nacido en los años veinte, y el más joven, María A. A., nacida en los años sesenta.
Lo que a pesar de todo le da una cierta apariencia de unidad, es la existencia y permanencia de eso que he intentado definir como escritores o artistas radicales.

A pesar de mi convicción de que, en el campo de la experimentación, la teoría y la práctica son inseparables, y de que he dedicado muchos esfuerzos a demostrarlo, este principio no se puede aplicar a todos los escritores/artistas incluidos en esta selección. Lo cual no les afecta a ellos, aunque tampoco al valor de esta fórmula, y sobre todo a su viabilidad.

Como testigos de la gran transformación social, cultura y económica –incluso política- que la revolución de la escritura ha producido en el siglo XX, todos hemos respondido con nuestras mejores soluciones. El único juicio que debería hacerse, es el de la autenticidad. Y en él creo que todos conseguiríamos un buen veredicto.

Me incluyo porque, además de responsable de este libro, he decidido figurar también como autor estudiado. Con ello, quiero dar pábulo a los que me critican porque no suelo respetar las “buenas costumbres” ni las normas de conducta. Pero también quiero aportar una reflexión sobre la utilización de la crítica tan sólo como un arma arrojadiza. Se puede utilizar para custiones más útiles. Lo cual no quiere decir que yo esté contra la crítica afilada e incluso incisiva.

En una cultura desarrollada y compleja, la información puede utilizarse para muchas cosas, y de forma preferente, para aquellas que de verdad nos importan y aportan algo. Esta es, habitualmente, mi línea de conducta.

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